domingo, marzo 18, 2012

happythankyoumoreplease

No sé cuándo me volví una persona despreciable. Todas las personas despreciables. Todas las que yo despreciaba. Las que no ponen atención. Las que no se equivocan. Las que nunca pierden justamente. Las que son centro y, con la vista hacia adentro, jamás miran a su alrededor. Las que deberían ser recordadas aun sin hacer nada. Las que no recuerdan a nadie aunque hayan hecho todo por ellas. Perdón, perdón por todo. Perdón por ser despreciable. Perdón por haberlo sido. No lo vuelvo a ser. Y gracias. Gracias por llegar a mí. Y por permanecer. Y por todo. Gracias. Siempre.

sábado, febrero 25, 2012

"Lo peor de todo no son las horas perdidas"

"... ni el tiempo por detrás y por delante".

Lo peor es que si me dan a escoger entre todo el éxito del mundo y dormir al menos ocho horas al día todos los días de mi vida, escojo dormir.

Y soñar que triunfo, por supuesto.

viernes, febrero 10, 2012

Ni tú ni yo ni nadie que conozcamos

¿Sabes por qué Miranda July nos hace lo que nos hace?

Porque es excesiva.

Porque abusa de su talento.

Porque no tiene vergüenza.

Porque cree que ante nosotros puede hacer lo que quiera.

Y puede.

Porque cree que con nosotros puede hacer lo que quiera.

Y lo hace.

Todo. Hasta lo que no debería hacer nadie. Hasta lo que no tiene caso.

Y es hermoso.

Y da coraje.

Y duele.

miércoles, febrero 08, 2012

Enough is enough

Lo cuento poco y posiblemente ni sé bien cómo pasó en la realidad, pero sí sé bien cómo pasa en como lo cuento, cuando lo hago, que es muy a veces, poco. Total que había una vez un reportero de nota roja en el periódico, y ese reportero aguantó y aguantó y aguantó y me imagino que se dijo a sí mismo que seguiría aguantando, porque hay que hacer lo que hay que hacer, hasta que llegó su descanso y al día siguiente de eso ya no apareció en la redacción. Ni al que sigue. Ni luego. Entonces se supo que saliendo de su último día aguantando, y seguramente aún con planes de aguantar más, agarró su carro y manejó derecho, camino adelante, por una carretera y otra y otra hasta que vio que no tenía caso aguantar también eso y se internó en una institución mental. Fin. Y principio, pero por lo pronto fin.

Lo cuento poco porque quizá lo había entendido poco. Ahora lo entiendo más y posiblemente lo cuente mucho. También puede ser que no.

Lo que quiero decir es que ni soy reportero ni cubro nota roja pero uno puede acabarse, como él, siendo lo que sea y haciendo lo que se haga, incluso nadie, incluso nada. O especialmente por eso, si debo hablar por experiencia propia. Y yo todavía no me quiero acabar.

Además ni tengo carro y qué pena lanzarme en una carrera para huir del vacío y la nada en camión de tercera clase.

Aguantar para qué. A veces. Esta vez. Aguantar por cuánto y, sobre todo, para qué. Enough is enough.

martes, enero 31, 2012

Éstas no son horas ni nosotros personas

Mientras la roomate hurga en el desastre que ella misma causó buscando unos papeles que todavía no encuentra, yo termino mi café y canto mientras la compongo una canción sobre cómo ya vamos casi dos horas tarde a nuestros respectivos trabajos.

"Hay que prometer que cuando tengamos 30 nos volveremos personas reales", me dice.

Me río. Me despido. Me voy.

No puedo prometer eso. No quiero.

Tal vez madurar no es volverse persona, sino aceptarse como personaje, construirse, aprovecharse.

Prometan que nunca se volverán personas. Que nunca me pedirán que yo lo haga.

Nos necesito como personajes.