martes, mayo 06, 2008

Sólo que sea por eso (??? mode on)

Voy al oxxo a comprar cigarros. En el mostrador un borrachito y uno de los gemelos dependientes debaten con tono de mucha seriedad sobre la Biblia.

Borrachito: pero lo que yo le digo es, si la Biblia es una traducción, ¿cómo sabemos que nos están diciendo la verdad los que tradujeron ese idioma antiguo que nosotros ni conocemos?
Dependiente: ah, claro, es que para eso está el Nuevo Testamento

Y el borrachito se queda muy lacio, como digiriendo una no tan clara pero pesada verdad que está muy dispuesto a aceptar, con la frente apuntando hacia los tequilas baratos de medio litro y la mirada perdida atravesando al dependiente.

Yo me regreso al trabajo con mis cigarros, lacia como el borrachito, pero sin ninguna comprensión.


Ha de ser que todo es más fácil cuando el absurdo se asimilia con naturalidad. Eso ya lo perdí. Y ahí voy, sintiéndome como las luces de la calle que aparecieron en una foto de Isis cual señal divina de algo (pero ¿de qué? ¿de qué?).





No entiendo.

Ya no.

lunes, mayo 05, 2008

De motivos (desmotivos)

Extraño por necedad y escribo por envidia.

Tendría que reformular mis motivos. Ponerme a leer o (¿y/o?) a vivir, pero mnah. Me obstino.

Nada me parece más vulgar que escribir sobre escribir. Quizá escribir sobre la vulgaridad de escribir sobre escribir. Ad nauseam.

Y extraño. Por necedad, por ocio o por vicio.

Y escribo. Por envidia, por cobardía o por comodidad.

Igual extraño e igual escribo (aunque ni de eso ni de esto hablo; tengo principios).

Y extraño. Cuando no están o se van los que estaban y veo huecos y reconozco ausencias y fabulo espantos.

Y escribo.

Me sé. Qué necia, ociosa, enviciada, envidiosa, cobarde y comodona. Sin novedad.

domingo, mayo 04, 2008

El fin de la parálisis

Lo que hubiera comentado a un post de aquel blog que sí está pero ya no existe; lo que ya no pude decir, porque en mi casa no reviven los muertos:



La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.

Augusto Monterroso



Y entonces es recordarlo todo, revivir la emoción de los primeros encuentros con esos paraderos. Volver a pararme plena de inocencia frente a la literatura (que me arde de pena ajena y propia nomás de nombrarla por lo que hablar de eso implica) y ver lo que es, lo que abre, lo que representa: las letras que no sólo reúnen nombrando lo que hay, sino que son, que explican, que (re)hacen la vida.

Pocas cosas como el escalofrío de una frase que abre un hueco en el transcurso del tiempo, donde las palabras son algo determinante, revelador. Pocas cosas como la fuerza de un "eso es", ojos que al fin ven; todo lo detenido vuelve a caminar con la libertad de la comprensión.

Eso es, un movimiento perpetuo.

sábado, mayo 03, 2008

La fe que no me tengo

Y nada más porque apenas van tres días de mayo y nunca había empezado tan a tiempo (porque el post que cubrió abril en realidad fue del primero de mayo; maravillosa la trampa del presente versátil la del blog) va un post diario hasta que se acabe el mes.

Porque sé que no puedo.

Sólo por eso.

viernes, mayo 02, 2008

Borusitas Mi Alegría

De la vida me gustan sus fiestas, aunque sean sólo para cubrir al silencio. Porque también me gusta el silencio. El que es dulce, pacífico, verdadero, la zona de confort donde sola o contigo o contigo me tiendo. Lo demás es otra cosa, quizá vacío, y de eso me desentiendo.

De las esperas me gusta que no necesiten asirse del tiempo. Que no desesperen, que no lleven miedo ni incertidumbre, que no presionen y que en su desapego, al final, en un final que no tiene aviso y sin embargo es claro y es, a la vez, comienzo, encuentren lo mejor, lo perfecto.

De la perfección me gusta lo subjetivo, que cada día es diferente, maravillosa, nueva.

De los encuentros me gustan las tardes frescas, las noches que se vuelven días en los que parece ir toda la vida; las casas que se ofrecen, los caminos que se construyen cuando, por lo mejor, se improvisan, las personas que hacen conmigo todo esto.

De las personas me gustan las que se quedan. Nada más fácil que irse; como la muerte, simplemente ocurre o se comete, sin gracia ni esfuerzo. Hay algunos que se van por circunstancias; después, siempre vuelven. Y de los que parten por pie, de esos, si los vi, ni me acuerdo.

Del futuro me gusta su dulzura, cómo se deja malear para trazar el sendero a un destino que, yo creo, inminente. Cómo nos deja causarnos, en equivocaciones y en aciertos acontecernos. De la justicia me gusta que sea inexorable, el pago y el cobro exacto, sin errores ni vueltos, todo lo merecemos.

Y de escribir me gusta, sobre todo, tener todas las palabras para poder hacerlo, para aprehender la vida, mi vida, cuando quiero, para recordar que estuve de fiesta y no lloré lo perdido. Me gusta creer que la poesía se crea y se trascurre, se observa, y que nada hay más corriente que querer forzarla y pronunciarla. Me gusta saber que yo sólo escribo recuerdos.