Y, bueno, como en un mismo día pasé de estar dormida a estar modorra, a estar emocionada, a estar nerviosa, a estar bien, a estar desilusionada, a estar contenta, a estar triste, a estar en neutral, a estar enojada, a estar de buenas, a estar preocupada, a estar feliz, a estar tranquila, a estar cansada, hasta dormir otra vez, me acordé de la teroría del péndulo, del vaivén de la lietaratura que contaba Lavinia.
Vinieron otros recuerdos, como el de la misma maestra meciendo su mano chirrisca por la artritis al tiempo de decirle al estudiante coreano "Giong, me encanta tu nombre, es tan musical... kiooooonnnng, kioooooonnnng" imitando el sonidito metálico de una campana abollada.
Y todos los recuerdos aparecieron porque Carito me dijo "hablemos de literatura", así, sin más me lo dijo, tan directo que asustó.
...Así que todavía hay quién quiere hablar de eso.
Me preguntó por las voces diversas de la narración y yo saqué mi diccionario de Retórica y poética de la autora que seguro no es del color de las pastas ni tampoco una osa con gorra de baño, aunque así la pensamos alguna vez, y pese a que no resolví su duda, sí le metí otras muchas. "Es la isotopía, ¿te acuerdas de la isotopía? (volvió, en forma de fichas)".
Nos dimos cuenta entonces (gran, iluminador descubrimiento, quién lo hubiera pensado) que lo aprendido sólo sirvió para analizar mil veces Sombras suele vestir y olvidarlo inmediatamente después.
Porque aquí, en la vida real, no les aplicamos a los días el Método de Reyes, porque vemos, leemos, escuchamos, y sólo podemos decir que es bonito, que es feo, que es bien triste, y así nos divertimos mejor.
Es más bello todo cuando no tienes que andar hablando subido en el monociclo de Saussure, cuando no desentrañas la obra (todas las obras) con las claves lingüísticas de Mounin, cuando ni siquiera sabes ya quién era o qué hizo Greimas.
Yo sólo suelto nombres que me vienen de lejos. Como dice Althusser (...no, así no le dice...), aprendí para olvidar.
"Está bien culero afuera, todas las calles inundadas, está lloviendo fuertísimo". Alquien corrije "Fortísimo, se dice. Está lloviendo fortísimo". "Eshta lloviendo fortíshimo", repito yo haciendo gestos, porque me enoja que les enoje, porque hablar mal está bien, porque le dan en la madre a la competencia lingüística con tanta correción, porque qué aburrida es la gente que cualquier día, en un momento simple y familiar, no tiene lagañas ni come brócoli o, incluso, hasta llama a los mariaches para ponerse a cantar.
Sí, uso adjetivos a lo bruto, me refiero a la entropía sin saber qué es, leo sin poder acordarme qué con la diégesis y la metadiégesis y la blabla, desconozco los estudios, califico sin fundamento ni seriedad y, la mayor parte del tiempo, hablo por hablar. Lo peor de todo es que aún habiendo sabido y ahora olvidado, no lo paso mal.
Tal vez es verdad que El mundo es ancho y ajeno (o, como alguien prefirió escuchar, Edmundo Sanfiageno) , pero esto (todo) es la vida, y a veces la teoría la insulta.
Vinieron otros recuerdos, como el de la misma maestra meciendo su mano chirrisca por la artritis al tiempo de decirle al estudiante coreano "Giong, me encanta tu nombre, es tan musical... kiooooonnnng, kioooooonnnng" imitando el sonidito metálico de una campana abollada.
Y todos los recuerdos aparecieron porque Carito me dijo "hablemos de literatura", así, sin más me lo dijo, tan directo que asustó.
...Así que todavía hay quién quiere hablar de eso.
Me preguntó por las voces diversas de la narración y yo saqué mi diccionario de Retórica y poética de la autora que seguro no es del color de las pastas ni tampoco una osa con gorra de baño, aunque así la pensamos alguna vez, y pese a que no resolví su duda, sí le metí otras muchas. "Es la isotopía, ¿te acuerdas de la isotopía? (volvió, en forma de fichas)".
Nos dimos cuenta entonces (gran, iluminador descubrimiento, quién lo hubiera pensado) que lo aprendido sólo sirvió para analizar mil veces Sombras suele vestir y olvidarlo inmediatamente después.
Porque aquí, en la vida real, no les aplicamos a los días el Método de Reyes, porque vemos, leemos, escuchamos, y sólo podemos decir que es bonito, que es feo, que es bien triste, y así nos divertimos mejor.
Es más bello todo cuando no tienes que andar hablando subido en el monociclo de Saussure, cuando no desentrañas la obra (todas las obras) con las claves lingüísticas de Mounin, cuando ni siquiera sabes ya quién era o qué hizo Greimas.
Yo sólo suelto nombres que me vienen de lejos. Como dice Althusser (...no, así no le dice...), aprendí para olvidar.
"Está bien culero afuera, todas las calles inundadas, está lloviendo fuertísimo". Alquien corrije "Fortísimo, se dice. Está lloviendo fortísimo". "Eshta lloviendo fortíshimo", repito yo haciendo gestos, porque me enoja que les enoje, porque hablar mal está bien, porque le dan en la madre a la competencia lingüística con tanta correción, porque qué aburrida es la gente que cualquier día, en un momento simple y familiar, no tiene lagañas ni come brócoli o, incluso, hasta llama a los mariaches para ponerse a cantar.
Sí, uso adjetivos a lo bruto, me refiero a la entropía sin saber qué es, leo sin poder acordarme qué con la diégesis y la metadiégesis y la blabla, desconozco los estudios, califico sin fundamento ni seriedad y, la mayor parte del tiempo, hablo por hablar. Lo peor de todo es que aún habiendo sabido y ahora olvidado, no lo paso mal.
Tal vez es verdad que El mundo es ancho y ajeno (o, como alguien prefirió escuchar, Edmundo Sanfiageno) , pero esto (todo) es la vida, y a veces la teoría la insulta.
Aunque el mundo sea una gran naranja azul, al menos yo no vivo según Goldmann.