sábado, enero 06, 2007

La vida según Goldmann o Las grandes verdades de Edmundo Sanfiageno

Y, bueno, como en un mismo día pasé de estar dormida a estar modorra, a estar emocionada, a estar nerviosa, a estar bien, a estar desilusionada, a estar contenta, a estar triste, a estar en neutral, a estar enojada, a estar de buenas, a estar preocupada, a estar feliz, a estar tranquila, a estar cansada, hasta dormir otra vez, me acordé de la teroría del péndulo, del vaivén de la lietaratura que contaba Lavinia.

Vinieron otros recuerdos, como el de la misma maestra meciendo su mano chirrisca por la artritis al tiempo de decirle al estudiante coreano "Giong, me encanta tu nombre, es tan musical... kiooooonnnng, kioooooonnnng" imitando el sonidito metálico de una campana abollada.

Y todos los recuerdos aparecieron porque Carito me dijo "hablemos de literatura", así, sin más me lo dijo, tan directo que asustó.

...Así que todavía hay quién quiere hablar de eso.

Me preguntó por las voces diversas de la narración y yo saqué mi diccionario de Retórica y poética de la autora que seguro no es del color de las pastas ni tampoco una osa con gorra de baño, aunque así la pensamos alguna vez, y pese a que no resolví su duda, sí le metí otras muchas. "Es la isotopía, ¿te acuerdas de la isotopía? (volvió, en forma de fichas)".

Nos dimos cuenta entonces (gran, iluminador descubrimiento, quién lo hubiera pensado) que lo aprendido sólo sirvió para analizar mil veces Sombras suele vestir y olvidarlo inmediatamente después.

Porque aquí, en la vida real, no les aplicamos a los días el Método de Reyes, porque vemos, leemos, escuchamos, y sólo podemos decir que es bonito, que es feo, que es bien triste, y así nos divertimos mejor.

Es más bello todo cuando no tienes que andar hablando subido en el monociclo de Saussure, cuando no desentrañas la obra (todas las obras) con las claves lingüísticas de Mounin, cuando ni siquiera sabes ya quién era o qué hizo Greimas.

Yo sólo suelto nombres que me vienen de lejos. Como dice Althusser (...no, así no le dice...), aprendí para olvidar.

"Está bien culero afuera, todas las calles inundadas, está lloviendo fuertísimo". Alquien corrije "Fortísimo, se dice. Está lloviendo fortísimo". "Eshta lloviendo fortíshimo", repito yo haciendo gestos, porque me enoja que les enoje, porque hablar mal está bien, porque le dan en la madre a la competencia lingüística con tanta correción, porque qué aburrida es la gente que cualquier día, en un momento simple y familiar, no tiene lagañas ni come brócoli o, incluso, hasta llama a los mariaches para ponerse a cantar.

Sí, uso adjetivos a lo bruto, me refiero a la entropía sin saber qué es, leo sin poder acordarme qué con la diégesis y la metadiégesis y la blabla, desconozco los estudios, califico sin fundamento ni seriedad y, la mayor parte del tiempo, hablo por hablar. Lo peor de todo es que aún habiendo sabido y ahora olvidado, no lo paso mal.

Tal vez es verdad que El mundo es ancho y ajeno (o, como alguien prefirió escuchar, Edmundo Sanfiageno) , pero esto (todo) es la vida, y a veces la teoría la insulta.

Aunque el mundo sea una gran naranja azul, al menos yo no vivo según Goldmann.

martes, enero 02, 2007

El aviso de ocasión

¿Camiones apestosos con carísimas tarifas? Pfff, de nacos. ¿El complicado sistema de Tren Ligero que sólo va derecho, camino adelante, pasando por los lugares a los que nadie quiere llegar? Olvídate de eso. ¿Quieres gozar del horrible tráfico de la ciudad sintiéndote protagonista de él? ¡Ésta es tu oportunidad!

Carro noventero, lámina picada, un asiento roto, guantera chorreada de café de hace como dos años, llantas nuevecitas marca libre del Wal-Mart y un sinfín de papeles, periódicos, libros, bolsas de plástico, cajetillas vacías de cigarros, bolas de pelusa y sabrá Dios cuántas sorpresas más.

¡Hazlo tuyo! Sólo tienes que ir por él (prevenido con una grúa, porque no sirve) y robarlo. El secreto está en que la cerradura de la puerta del volante chafea, creo que se abre hasta con un pasador.

Como a mí se me descompuso en la víspera de año nuevo, lo tomo como una señal de que mi propósito para este año sea andarme por la vida a base de rides.

Now! Offering! Great! Last chance! Ahí por Plaza Patria está.





Así que ahí se queda, hasta que se lo roben, me pague por él el seguro y todo sea papeliza y felicidad.

Relax-o-vision

viernes, diciembre 29, 2006

Nostalgia popcorn!

Se souvenir des belles choses


Me gustan los recuentos de fin de año, me emocionan. Los disfruto todos, desde en los que puedo buscarme aunque sea un poquito hasta los de cosas que de usal no me interesarían, como los programas deportivos con los mejores goles, las canciones más escuchadas de los canales de banda, los muertos del espectáculo (que eso de usual sí me emociona, parece increíble pero la gente se muere), todo lo veo con la penita de que ya pasó. Sin embargo, yo nunca he hecho uno de esos recuentos. Es difícil hablar de lo que mueve tanto, yo quiero mi pasado presente, se me parte el corazón.

No quiero el pasado inmediato. Puedo contar con detalle en un minuto las cosas bellas del último año. Fue casi todo pérdidas, despedidas, viajes de no retorno y silencios angustiosos. Cierro con números rojos. Pero de un pasado un poco más remoto me vienen todos los recuerdos que me hacen pensar que no ha estado tan mal.

El año pasado fue todo emoción, fueron los viajes, las personas de las que siempre me emocionaré de haber estado alguna vez, tener y perder la escuela, la graduación, ruidosa, hermosa, dejar el trabajo horrendo por un trabajo donde no hacer nada paga cada quincena, el creer, el querer, el hacer (a ti, por ti), mi cuarto en tu casa, tu familia, la gente del diario que nunca cansa (tú, tú, tú, tú sabes que eres tú, que estás aquí), las tardes, las noches, los cafés, los vinos, tu casa para nosotras, para él y para mí, tu tiempo, sus tiempos, todo. Gracias. A veces pienso que todo vale la pena sólo por el tiempo que se fue. Soy fácil de conquistar.

Veo con mi ojo cataratoso a este año y me quedo feliz con el pasado, con los demás.

Igual se acabó. Con suerte año que viene se pone mejor. Sin suerte peor. Igual se acaba y en lontananza es bello. Qué más da.

Y como el niño de Las batallas en el desierto, preocupado porque presente y futuro lo apachurran, tomo como medida de fin de año mi última precaución:



Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante
porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual

domingo, diciembre 17, 2006

Como veía que resistía...

Her eyes gave him no sign of love or farewell or recognition

Si el general que tenía cien ojos de vidrio me regalara uno, yo lo sostendría entre los dientes y cerraría mi par de ojos de topo para no ver más.

Con el ojo que no ve rodeado de una sonrisa gruñona miraría de soslayo algunos, retadoramente a otros, miraría también lo terrible, a esos perritos callejeros que andan a la espera de que alguien los vaya a atropellar, todo, hasta lo bello.

Entonces no sabría de nada y no temería a las multitudes, al tráfico, a las mariposas, al maloliente que sigue los pasos ajenos, a las mujeres brillantes de tan hermosas.

Viendo con mi ojo entredientes no vería lo que me asusta, lo que me duele, que de todos modos para ver no hay mucho más.

Pero yo sólo tengo mi par de ojos de topo, que ven, que lastiman, qué fastidio. Les regalo un parpadeo para descansar.

Lo que no veo no existe, o tal vez sí, pero sería cuestión de fe y yo ya no estoy para creer.

Poco se salva. Voy dejando casi todo lo visto (vivido) a mis espaldas, donde se pierda, donde desaparezca.

Adivina adivinanza ¿de qué lado estás?

sábado, diciembre 16, 2006

Y está perdida sola en medio de la ciudad

Es como tener un tercer ojo fuera de mí, pegado en su frente. Ver lo que ve.

Que se abra sobre alguien un tercer ojo ajeno no es cualquier cosa, es una carga.

No tiene lugar para estar sin mí.

Se acaban los escondites para los secretos, porque veo en technicolor todas las acciones. A la palabra la calla el hecho. Lo he visto todo.

Es entonces demasiada verdad. Parece preferible cuando sólo me lo contaba, distorsionado, con arreglos y licencias, porque ahora es tan nítido, tan poco creativo, tan recurrente que cansa, que dan ganas de no verlo más.

Ya duermo sin miedo al coco de una asuencia; hasta, click, puedo apagar la luz.




Y un día mi tercer ojo, el ojo que vigila, el ojo universal, ése que va pegado en su frente, blink, se va a cerrar. Y vuelvo conmigo. Yo te acompaño, bicho. Jugaremos, verás, ya verás.