martes, enero 02, 2007

El aviso de ocasión

¿Camiones apestosos con carísimas tarifas? Pfff, de nacos. ¿El complicado sistema de Tren Ligero que sólo va derecho, camino adelante, pasando por los lugares a los que nadie quiere llegar? Olvídate de eso. ¿Quieres gozar del horrible tráfico de la ciudad sintiéndote protagonista de él? ¡Ésta es tu oportunidad!

Carro noventero, lámina picada, un asiento roto, guantera chorreada de café de hace como dos años, llantas nuevecitas marca libre del Wal-Mart y un sinfín de papeles, periódicos, libros, bolsas de plástico, cajetillas vacías de cigarros, bolas de pelusa y sabrá Dios cuántas sorpresas más.

¡Hazlo tuyo! Sólo tienes que ir por él (prevenido con una grúa, porque no sirve) y robarlo. El secreto está en que la cerradura de la puerta del volante chafea, creo que se abre hasta con un pasador.

Como a mí se me descompuso en la víspera de año nuevo, lo tomo como una señal de que mi propósito para este año sea andarme por la vida a base de rides.

Now! Offering! Great! Last chance! Ahí por Plaza Patria está.





Así que ahí se queda, hasta que se lo roben, me pague por él el seguro y todo sea papeliza y felicidad.

Relax-o-vision

viernes, diciembre 29, 2006

Nostalgia popcorn!

Se souvenir des belles choses


Me gustan los recuentos de fin de año, me emocionan. Los disfruto todos, desde en los que puedo buscarme aunque sea un poquito hasta los de cosas que de usal no me interesarían, como los programas deportivos con los mejores goles, las canciones más escuchadas de los canales de banda, los muertos del espectáculo (que eso de usual sí me emociona, parece increíble pero la gente se muere), todo lo veo con la penita de que ya pasó. Sin embargo, yo nunca he hecho uno de esos recuentos. Es difícil hablar de lo que mueve tanto, yo quiero mi pasado presente, se me parte el corazón.

No quiero el pasado inmediato. Puedo contar con detalle en un minuto las cosas bellas del último año. Fue casi todo pérdidas, despedidas, viajes de no retorno y silencios angustiosos. Cierro con números rojos. Pero de un pasado un poco más remoto me vienen todos los recuerdos que me hacen pensar que no ha estado tan mal.

El año pasado fue todo emoción, fueron los viajes, las personas de las que siempre me emocionaré de haber estado alguna vez, tener y perder la escuela, la graduación, ruidosa, hermosa, dejar el trabajo horrendo por un trabajo donde no hacer nada paga cada quincena, el creer, el querer, el hacer (a ti, por ti), mi cuarto en tu casa, tu familia, la gente del diario que nunca cansa (tú, tú, tú, tú sabes que eres tú, que estás aquí), las tardes, las noches, los cafés, los vinos, tu casa para nosotras, para él y para mí, tu tiempo, sus tiempos, todo. Gracias. A veces pienso que todo vale la pena sólo por el tiempo que se fue. Soy fácil de conquistar.

Veo con mi ojo cataratoso a este año y me quedo feliz con el pasado, con los demás.

Igual se acabó. Con suerte año que viene se pone mejor. Sin suerte peor. Igual se acaba y en lontananza es bello. Qué más da.

Y como el niño de Las batallas en el desierto, preocupado porque presente y futuro lo apachurran, tomo como medida de fin de año mi última precaución:



Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante
porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual

domingo, diciembre 17, 2006

Como veía que resistía...

Her eyes gave him no sign of love or farewell or recognition

Si el general que tenía cien ojos de vidrio me regalara uno, yo lo sostendría entre los dientes y cerraría mi par de ojos de topo para no ver más.

Con el ojo que no ve rodeado de una sonrisa gruñona miraría de soslayo algunos, retadoramente a otros, miraría también lo terrible, a esos perritos callejeros que andan a la espera de que alguien los vaya a atropellar, todo, hasta lo bello.

Entonces no sabría de nada y no temería a las multitudes, al tráfico, a las mariposas, al maloliente que sigue los pasos ajenos, a las mujeres brillantes de tan hermosas.

Viendo con mi ojo entredientes no vería lo que me asusta, lo que me duele, que de todos modos para ver no hay mucho más.

Pero yo sólo tengo mi par de ojos de topo, que ven, que lastiman, qué fastidio. Les regalo un parpadeo para descansar.

Lo que no veo no existe, o tal vez sí, pero sería cuestión de fe y yo ya no estoy para creer.

Poco se salva. Voy dejando casi todo lo visto (vivido) a mis espaldas, donde se pierda, donde desaparezca.

Adivina adivinanza ¿de qué lado estás?

sábado, diciembre 16, 2006

Y está perdida sola en medio de la ciudad

Es como tener un tercer ojo fuera de mí, pegado en su frente. Ver lo que ve.

Que se abra sobre alguien un tercer ojo ajeno no es cualquier cosa, es una carga.

No tiene lugar para estar sin mí.

Se acaban los escondites para los secretos, porque veo en technicolor todas las acciones. A la palabra la calla el hecho. Lo he visto todo.

Es entonces demasiada verdad. Parece preferible cuando sólo me lo contaba, distorsionado, con arreglos y licencias, porque ahora es tan nítido, tan poco creativo, tan recurrente que cansa, que dan ganas de no verlo más.

Ya duermo sin miedo al coco de una asuencia; hasta, click, puedo apagar la luz.




Y un día mi tercer ojo, el ojo que vigila, el ojo universal, ése que va pegado en su frente, blink, se va a cerrar. Y vuelvo conmigo. Yo te acompaño, bicho. Jugaremos, verás, ya verás.

miércoles, noviembre 29, 2006

What lies beneath

Una vez vi a Juan García Ponce cuando se ganó el Rulfo: estaba tullido, era una bolita convulsa en una silla de ruedas, casi ni podía hablar, se le enchuecaba la boca y le temblaba la cabeza. Feo.

Y yo no entiendo para qué la gente quiere conocer a un escritor. Lo maravilloso del texto está en el texto mismo, lejos muy lejos de quien lo escribe, que más allá de lo que ha dado no debe tener gran cosa qué decir distina a la que podrían decir todos los demás (pura tarugada, pues).

No hay escritor, hay obras, y a mí me pone de malas la expectativa que crea ver a un hombrecito sin chiste porque lo que escribe genera admiración. Leer, no ver, para eso la televisión.

Tampoco tiene sentido que un autor hable de lo que escribe, menos que hable de otra cosa. Que se queden callados, que escriban.


Que vayan a escucharlo no les creo, van a ver qué le ven, como si tuviera algo de especial. Si no convierte el agua en vino o se saca diamantes por los lagrimales (sí hay quien, lo vi en Primer Impacto), no hay nada que ver ahí.

Ojalá el texto se escribiera a sí mismo.

Esta es mi queja contra la emoción que genera la FIL, y esto, epígrafe de un texto de Quino, el resumen de lo que quería decir: es como disfrutar del foie gras de oca y un día conocer a la oca.




Lo que yace detrás de las letras, ptrrrrrr.



Odio a la gente. Odio a la FIL. Pero ¿ir a ver al Príncipe Felipe o a Gael García? Sí, hay que ver lo que hay que ver, eso sí.