miércoles, noviembre 29, 2006

What lies beneath

Una vez vi a Juan García Ponce cuando se ganó el Rulfo: estaba tullido, era una bolita convulsa en una silla de ruedas, casi ni podía hablar, se le enchuecaba la boca y le temblaba la cabeza. Feo.

Y yo no entiendo para qué la gente quiere conocer a un escritor. Lo maravilloso del texto está en el texto mismo, lejos muy lejos de quien lo escribe, que más allá de lo que ha dado no debe tener gran cosa qué decir distina a la que podrían decir todos los demás (pura tarugada, pues).

No hay escritor, hay obras, y a mí me pone de malas la expectativa que crea ver a un hombrecito sin chiste porque lo que escribe genera admiración. Leer, no ver, para eso la televisión.

Tampoco tiene sentido que un autor hable de lo que escribe, menos que hable de otra cosa. Que se queden callados, que escriban.


Que vayan a escucharlo no les creo, van a ver qué le ven, como si tuviera algo de especial. Si no convierte el agua en vino o se saca diamantes por los lagrimales (sí hay quien, lo vi en Primer Impacto), no hay nada que ver ahí.

Ojalá el texto se escribiera a sí mismo.

Esta es mi queja contra la emoción que genera la FIL, y esto, epígrafe de un texto de Quino, el resumen de lo que quería decir: es como disfrutar del foie gras de oca y un día conocer a la oca.




Lo que yace detrás de las letras, ptrrrrrr.



Odio a la gente. Odio a la FIL. Pero ¿ir a ver al Príncipe Felipe o a Gael García? Sí, hay que ver lo que hay que ver, eso sí.

martes, octubre 31, 2006

Para no olvidar

Yo no quiero que me olviden. A pesar del silencio, la resistencia pasiva y mis constantes intentos por estrecharme contra el rinconcito en donde no me ven, me preocupa la trascendencia*.

Hago pocas cosas pero todavía hablo mucho, con algunos, pocos, pero mucho. A veces no es tanto lo que uno hace, sino lo que uno dice, o al menos lo que uno dice de lo que hace, lo que importa al último.

Lo que se dice es lo que importa, sí, y hablar no es tan difícil, ni que te escuchen. El problema es que ya nadie escucha con atención. A mí no.

Es como un recuerdo que salió de un post de Cerillo. El teléfono descompuesto es como la vida misma. Haces algo, dices algo, cualquer cosita, luego lo cuentas y al que se lo cuentas lo cuenta a otro y al que se lo contó el que se lo contaste se lo cuenta a otro otro diferente y así en adelante. A ver en qué deviene lo que hiciste, el algo, la cualquier cosita; a ver qué termina siendo lo que importa al último, a ver qué eres al final. Sorpresas.

El recuerdo era este: Una vez en la primaria jugábamos al teléfono descompuesto. La primera en la línea dijo en secreto al que estaba a su lado la frase "Quiero mucho a mis amigas", el receptor se la dijo al que seguía y así en adelante, hasta que llegó al último, quien dijo a todos el mensaje que había escuchado en su oído, seguro de haberlo recibido fuerte y claro dijo "Tengo muchas albóndigas". Sorpresas. Como en la vida misma.

Yo no hago mucho, (apenas acciones desesperadas como escribir cualquier cosa para que no se me ausente un mes del archivo; me entristece la discontinuidad), pero bien que intento, y puede que en cualquier momento pase algo, haga algo; mientras, me lo paso contando cosas de lo poco, haciendome cuentitos, contándolos, a ver si alguien me escucha, a ver si alguien me ve, a ver si alguien me recuerda.

Y entonces, quién sabe, de pronto, un día, después de mucho tiempo, después de que haga algunas (tal vez muchas) cosas, de que las cuente y de que a quien se las conté se las cuente a otro y éste a otro otro, puede ser que, después de generaciones y generaciones, le llegue su gran momento a mi trascendencia (esperanza) y dos personas se topen en la calle, una de ellas pregunte por mí y la otra responda "¿Graciela? Sí, he escuchado de ella... dicen que tenía muchas albóndigas" (sorpresas) (desesperanza) (sí me van a olvidar).



A man tells his stories so many times that he becomes the stories.
They live on after him and, in that way, he becomes immortal.

lunes, septiembre 18, 2006

Mi casa es tu casa

Entro en pánico.

Se acaban, se empiezan y yo apenas voy despertando. Es como un temblor fortísimo cinco minutos antes de que suene la alarma para empezar con la rutina; para cuando logres espabilarte por completo ya todo habrá cambiado.

O tal vez no. Todos mienten. Quizá sólo es el sueño de caer en un precipicio y despertar con sobresalto a asegurarse que el lo de siempre sigue en pie.


Para poder explicar por qué me gusta el error necesitaría una regla transparente de 30 centímetros, tijeras de punta chata, varios plumones del mismo color y toda su atención, como nada de esto tengo, me limito a los ejemplos.

Mi monitor pequeño, el rostro de la perra con su ojo afectado mirándome atentamete para convencerme de que le rasque la oreja, dormir días enteros, la tristeza, la sonrisa de dientes chistosos, mi segundo nombre, el amor a una hibakusha, yo. Los prefiero porque son reales, pero que no quieran mentir con que son lo que no son.


Puedo creer en todo, pero mi fe nunca ha tenido el don para materializar esperanzas. Los fines defines y los empiezos no van a llegar.

Apenas voy despertando y ya me sorprende ver cómo todo sigue, tic tac, tic tac, cuánta indiferencia, cuánta tranquilidad.

Aún así entro en pánico.

Salgo en pánico.

Ahí vivo yo.

domingo, septiembre 10, 2006

Fines defines

Irse, dejarlo todo, perder la fe, abandonar la espera, soltar lo último, lo único que se tenía; volver a estar solo, mirar los zapatos lindos, la ropa cuidada, el dinero que hay y deshacerse de eso también; contar el tiempo libre, ver cuánto queda aún y saber que no hay ya en quién usarlo; quedarse sin nada de qué hablar, en qué pensar, y sentarse a mirar los agujeritos por donde se cuela la importancia de todo lo que se hace, por los que se escurrirá la importancia de todo lo que falta por hacer.

Supongo que así es como se debe sentir.

It all came so close to never happening.
This life came so close to never happening.

jueves, agosto 31, 2006

Toda tu sueña está hecha de limonada de fresha

Sittin' on my own / chewin' on a bone / a thousand million / miles from home / when something hit me /somewhere right between the eyes


Si siento que el ánimo ya no me alcanza, que se me hace chiquito algo adentro, que me está creciendo lo triste, que ya me voy a morir, escucho Talk Tonight.


Sleepin' on a plane / you know you can't complain / you took your last chance / once again / landed, stranded / hardly even knew your name


Primero hay pasos, luego la guitarra, el ruido de unos como golpecitos, después la letra que se escribió en minutos en la servilleta de un bar, rimas descaradas, hermosas de tan sencillas, todo el tiempo el insoportable aplauso monótono que se burla del escándalo de mi drama y, al final, un latido con calma, quedito quedito, y entonces yo quiero ser como Talk Tonight: boba, simple, tranquila.


All your dreams are made / of strawberry lemonade / and you make sure / I eat today / you take me walking / to where you played / when you were young


A veces me pongo triste de ver cómo uno se puede quedar tan callado; suerte que mi tragedia es proactiva y, cuando siento que ya me voy a morir, tomo medidas: escucho la canción para imaginarme que un día podría tener con quién hablar y, siendo así, puedo aguantar un poco más.


I'll never say that I / won't ever make you cry / and this I say / I don't know why / I know I'm leavin' /but I'll be back another day


Boba, simple, tranquila solución: pensar, sobrevivir a favor de que, tal vez, después de tanto silencio, esta noche, hablar.


I wanna talk tonight / untill the mornin' light / 'bout how you saved my life / you and me see how we are


(Quiero, pero ya ni pido nada porque sé que nada se me va a dar.)

'Bout how you saved my life / I wanna talk tonight