viernes, enero 29, 2021

Mañana en la terapia piensa en mí*

 *es un tuit de Bestiecilla


Antes me preguntaba que por qué alguien querría pagarle a otra persona por escuchar su versión de la historia sin más contexto si eso lo hacen tus amigos y sin cobrar. Y la diferencia es que ahora es después, pero todavía me lo pregunto, la verdad.

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A los veintitantos estaba segura de que tenía cáncer de pulmón porque "no podía" respirar. No podía entre comillas, porque aquí estoy demostrando que sí pude, pero se sentía real. También vomitaba hiel por las mañanas, y por las tardes al salir del trabajo las extremidades no me respondían; mi cuerpo decidía quedarse tieso como perro que no se quiere bajar del carro. Y muchas cosas, wuuu, más. Como pasa en casi todas las historias como esta, me hice muchos estudios y fui con varios doctores y todos los resultados concluían que no tenía nada, aunque sentía todo. Y así estuve varias semanas hasta que alguien sugirió que quizá mi cáncer era emocional.

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Según tuíter (y la gente de tuíter, que por coincidencia es la gente de mi vida), la terapia es la respuesta a todas las preguntas de la sociedad actual, así que con todas mis dudas me decidí a ir por primera vez a pagar porque alguien escuchara lo que ya escuchaban gratis mis amigas. Seems legit. Va.

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A continuación, los círculos del infierno terapéutico que he recorrido desde entonces y que hasta ahora ninguno ha sido la respuesta a ninguna de mis preguntas, ni siquiera a la de "por qué chingados pagaría por hablar", pero voy a hacer que mi inversión, como le dicen ahora al costo de las cosas, sirva de algo generando al menos un par de jajajás.


1. La terapeuta que no tiene quién la escuche


Mi primera terapia fue Gestalt. Recomendación de la roommate de una amiga que ya ni iba con ella. Era una señora de unos 60 años que daba las sesiones en su casa que siempre olía a perro. Y no tengo nada contra el olor a perro, algunos de mis mejores amigos huelen a perro, pero prefiero que el espacio en el que me vayan a hurgar la cabeza tenga un fresco olor a nada si no puede oler a mar.

Esta señora me ponía a acomodar muñecas y peluches según quién era cada uno en mi familia y luego me explicaba lo que eso le revelaba de mí. Sí, cual test de Buzfeed. Lo que nunca entendí es cómo esas revelaciones iban a repercutir en mi ansiedad por exceso de trabajo antes de que me volviera a dar otro ataque de pánico y me quedara tiesa en un baño de Sanborns hasta que mi roommate cruzara toda la ciudad para ir a sacarme de ahí (real).

Pero ir a jugar a las muñecas estaba bien si lo comparo con los otros 40 minutos de la sesión en los que la señora de los perros tomaba cualquier cosa que yo dijera para soltar una historia de su familia. 

Yo: "Siento que si no tomo todos los trabajos que me ofrecen, no mereceré que me vuelvan a ofrecer nada nunca". 

Ella: "Ah, sí, te entiendo, así le pasó a mi hija cuando empezó a trabajar en una empresa de metales. Ella estudió bla. Bla bla. Blablablabla". Y mientras ella hablaba yo sentía caer sobre mi cabeza, en monedas de cincuenta centavos, cada uno de los 300 pesos que le pagaba por la hora hasta que la consulta se acababa, curiosamente al mismo tiempo que ella terminaba de hablar.

Fui varios meses con ella aunque la quise dejar desde el primero. En una de las últimas citas me dijo que yo era una persona muy asertiva (real). Asertiva tu mamá, pensé mientras planeaba ir con otra terapeuta para que me dijera como dejarla a ella. Y así fue como durante unas semanas pagué por dos terapeutas distintas porque quizá nunca voy a ganar pero seguro siempre voy a mamar.


2.  No sabía que estaba en una secta


La terapeuta con la que fui para animarme a dejar a la otra terapeuta decía que su corriente era "de todo menos Gestalt". Me la recomendaron mis amigas más cercanas, tres de ellas pacientes en ese momento de la recomendada. ¿Alguien dijo red flag?  Nah. 

Era una mujer de modos suaves, probablemente en sus cuarenta y, al menos conmigo, todo con ella se trataba de aceptar lo que soy sin intentar cambiar nada, porque si seguía viva y con trabajo y gente que me quería, seguro no estaba tan mal. Su invitación siempre era a tratarme con cariño a mi misma (bien) y "hacerme a un lado de la ansiedad" (eh, ok, pero cómo, o sea, nomás así, bueno, eh, va). 

Con el tiempo mis amigas recomendaron a otras amistades y yo "mandé" a mi roomate y a mi mejor amigo porque, en serio, quién dijo red flag. En algún momento éramos fácil unas 10 personas del mismo círculo yendo con ella, todos sintiendo que íbamos muy bien, nadie diciendo red flags. Naranaranaranara, ¡Batman!

Fui con ella alrededor de un año, y cada semana de ese año escuché que soy valiosa (pues sí) y que no importa si pienso que estoy mal, sólo debo pensar que no estoy mal (pues what). Llegó un momento en el que ya nada más le platicaba de mis gatos, porque hasta cuando intenté confrontarla sobre la molestia que me causaba que nunca me confrontara sobre nada, su respuesta fue "es válido que te sientas así". Ah. Ah ok. Ah ok va. Pero no quería dejarla porque se me dijo y se me indicó que la terapia es la respuesta a todas las preguntas de la humanidad y yo no iba a ser la cretina que sale en todos los memes de no querer ir a terapia, faltaba más.

Y así estuve bien, o sea, mal normal, durante un buen tiempo, yendo con ella a platicar de nada, hasta un día en que otra vez no pude respirar y me salí a la calle a sentarme en un charco (real). Qué cosa cuando descubres que estabas haciendo algo que creías que te ayudaba, pero en realidad sólo no se había presentado nada en lo que te tuviera que ayudar de verdad.

Al día siguiente tenía consulta con ella y por mensaje le avisé que me había dado otro ataque de pánico y descubrí que no tenía ninguna herramienta para controlarlo o al menos amortiguarlo y ya no iba a regresar.

Las personas que siguen con ella aseguran que les ha servido mucho. Y me da gusto. Tal vez la líder tenía razón en eso de que estás como tú crees que estás. 

A fin de cuentas nadie dijo que no hubiera cierto valor terapéutico en las sectas. Y de los multiniveles ni hablar.

Después de eso fui al psiquiatra (a los psiquiatras, dirás; el purgatorio de esta metáfora antes de alcanzar el -medio-cielo mental) y a la par busqué a un terapeuta recomendado por el amigo que nunca te falla: el internet. 


3. Do you wanna play a game?



Quién podría imaginarse que mi mejor amigo el internet me iba a fallar.

Como el psiquiatra con el que iba en ese momento me dijo que buscara terapia cognitivo conductual, fui diligentemente a Google y le dije "aber sácate una terapia cognitivo conductual", y así terminé en el Instituto Mexicano de Psicoterapia Cognitivo Conductual con un cñor que se llamaba Arturo y quien me ponía tareas como ir a pararme a la azotea a media noche durante cinco minutos para perderle mi miedo a las cucarachas (real). En la tercera consulta me pidió que me provocara un ataque de pánico ahí frente a sus ojos. Fracasé. Me dijo que lo intentara más. Traté de explicarle que, si supiera provocarme conscientemente un ataque de pánico, sabría cómo detenerlo cuando me llegara, que quizá por ahí no era, y me dijo que si no iba a cooperar con él mejor ya ni fuera. Y ya ni fui. Al menos le agradezco que no tuve que pagar terapia doble para saber cómo dejarlo. Así que esto es avanzar. 


4. Debut y despedida

Tiempo después me volví a poner muy mal de mi todos-nos-vamos-a-morir-pero-yo-me-estoy-muriendo-ahorita-o-no-no-sé-pero-algo-está-o-va-a-estar-o-siempre-ha-estado-muy-muy-muy-mal.

Una amiga me recomendó de emergencia a la terapeuta conocida de la tía de la cuñada de la que le vende Jafra y fui con ella porque es lo que se hace cuando no hay más.

Fui a su consultorio por la noche y me senté en su sillón directo a llorar, cosa curiosa porque soy uno de esos seres vomit free since 93, pero con el llanto. Había llorado sólo una vez como año y medio atrás y creo que al momento puedo decir que lloré por última vez en 2018. Otra cosa que quizá debería tratar en terapia, claro está. Pero bueno, el caso es que me senté ahí directo a llorar. Y ella con toda paz me empezó a preguntar qué soñaba. No qué necesitaba. Ni siquiera por qué lloraba. Qué soñaba. Sueño que encuentro la forma de controlar mis miedos irracionales y fantasías de la catástrofe y que en este momento al menos puedo dejar de llorar. Amiga, bye.


5. Equinoterapia

Al día siguiente fui con una chica especializada en equinoterapia. Conmigo nada más aplicó la parte de terapia, pero sumo lo de equino porque me parece gracioso que de la nada aparezcan caballos en la historia de mi salud mental.

Lamentablemente para la comedia, de ella no tengo mucho que decir. Fui unas cuantas veces, trabajamos un poco, se nos cruzó el 19S (el cual yo provoqué por poner unas sábanas rojas la noche anterior cuando mi cabeza claramente me indicó que no, pero eso lo vemos otro día aquí en el chat), y luego la dejé porque me dio flojera seguir hablando de mí, como si no tuviera internet, y pensar que iba a terminar de nuevo en lo mismo.

Además me sentía mejor, tenía nuevos medicamentos, a la mejor psiquiatra del mundo, no tanto dinero, ya muy poquita fe en la terapia y pues girl, bye.


6. Tres doritos después

Pasaron un par de años entre la equinoterapia sin equinos y mi más reciente intento por creer en el amor terapéutico.

En julio de 2020 la pandemia lo logró conmigo como lo ha logrado con tantos y me descompuso. Semanas sin poder comer casi nada, mareada, con náuseas, sin poder moverme porque cualquier cosa que sintiera mi cuerpo era señal de La Enfermedad. Terrible. Volví con la psiquiatra que ya me había dado de alta y decidí que necesitaba la respuesta a todas las preguntas de mi humanidad y eso, dice tuíter, sólo se encuentra en la terapia.

Por mis traumas terapéuticos del pasado, le pedí a la nueva que por favor no me hablara de sí misma, y dijo que así lo haría pero ¿si la astrología no es cierta, por qué ahora sé que esa terapeuta es Acuario, tiene TLP, le tomó tres años que la diagnosticaran y para ella fue un calvario encontrar un buen terapeuta, tiene historial de trastornos alimenticios y mucho más? También criticaba en cada sesión las decisiones de mi psiquiatra, mi santa patrona del equilibrio químico, y desestimó mi diagnóstico de TEA por el que, a mi parecer, no computaba sus meditaciones de youtube para conectar con mis emociones del pasado remoto y volverlas a sentir (con trabajos las sentí en su momento, de qué me habla), y en cuatro sesiones no creerás lo que pasó otra vez: girl, bye.


7. Adónde vas, conejo Blás

Ya estaba decidida a, por lo menos por un tiempo, dejar de buscar terapia por aquí, terapia por allá, terapia por delante y terapia por detrás, cuando un día que fue anoche estaba scrolleando en Facebook y me salió un anuncio de terapia a 100 peso. Pensé "qué mamada" e inmediatamente después "obvio lo voy a probar". 

Me gusta creer que le estoy ganando al sistema porque al menos esta vez estaré pagando lo menos por lo menos y ya no, como antes, lo más por ver cuánto me pueden hacer enojar sin darme ni una pista de cómo no enojarme o mínimo por qué no me debo enojar.

Hoy en la noche es mi cita virtual, y ya sin fe alguna en que la terapia me dé respuestas o al menos preguntas, espero que no me falle en darme lols. Estoy segura de que desde este ángulo, y por 100 peso, nada puede malir sal.



*En el próximo post: Todo salió mal.


2 comentarios:

Moka dijo...

Terminas más madreado que Jesús en la Cruz de Veracruz al intentar conseguir un terapeuta decente. Yo ya perdí la esperanza y mejor voy a volver a leer "Papá, me regalas una hora de tu tiempo?".

Anónimo dijo...

que cabrón, mi novia está igual pero con el plus de que no controla realmente sus medicinas porque tiene una tía que se las consigue sin receta... la otra semana empezamos con alguien nuevo :)