jueves, marzo 24, 2011

Post pechado


No revivió el blog, pero me da cosa que el texto de mi Pecha kucha, que me informaron que ni se entendió, se quede a arrugarse en Mis documentos. Mejor aquí, extendidito. Que el blog zombie lo cuide; si aquí sigue, que al menos sirva para esto.

Voy a enfrentar los seis minutos más largos de mi vida. Dar la cara nunca fue lo mío. Dar la voz nunca fue lo mío. Podría dar alguna otra cosa pero no mientras no tenga definido qué es lo que tengo.

Tengo, tenemos, la percepción de una ciudad en la que no pasa nada, tal vez porque sólo la hemos visto desde adentro, encontrando no más que paredes y calles por las que avanzamos sin llegar a ningún lado. Tengo que enfrentar esto, como tengo que enfrentarlo todo, y presentar algo que esté haciendo. No sé qué estoy haciendo y aún así tengo la sospecha de que puede salir mal. Por eso tengo un plan de contingencia. Tengo los tuits de Margarito para explicar lo que haya que explicar, lo que también puede ser nada.


Tengo, eso sí, algunas preguntas. Y ustedes quiénes son. O qué estoy haciendo. A nada de eso tengo respuesta, pero tengo la seguridad de que siempre hay alguien preguntándose algo. Hasta las calles.


Una amiga tomó una foto. La foto salió movida. Al fondo de la imagen tres signos de interrogación dejan en claro que hasta las calles se preguntan quién sabe qué cosas. No sé cuáles son las preguntas, pero igual hay que esperar las respuestas, porque hay que esperar algo siempre, hay que tener al menos eso.


El problema es desconocer la pregunta pero la solución es de cualquier manera esperar la respuesta, aunque no se tenga mucha vida para ello, se tiene la que queda, la suficiente.



Habría que sentarse cómodamente y en caso de tener que estar en más lugares dejar al menos una parte nuestra a esperar lo que venga. Tal vez no es tan buena idea seguir cuando la parte que se deja son las piernas, pero quién soy yo para juzgar. Sólo soy una chica que ha salido con la necedad de mantenerse entera.

Por otra parte, no estaría tan mal saber qué hacer entre las idas y las esperas. Tomar consejos, tomar consejos por la comedia; tal vez no sirvan de nada, así que pueden venir de cualquiera.


Margarito, por ejemplo. Humildad ante todo, por ejemplo. Dios no tenía Chevy ni Blackberry. Habría que escribir un libro que se llamara así y se tratara de eso. O no. Me gusta proponer cosas que posiblemente no se van a hacer y decirlas de tal forma que quede bien claro que no las voy a hacer yo, que las haga quien quiera. Habría que dejar de hacerlo o habría que seguir consejos al azar y que la vida sea lo que sea.



Hoy puede ser un día fantástico, aunque a buena hora me entero, porque ya casi se acaba. O qué bueno, porque también podría no serlo. Puede y puede no ser un día fantástico pero tampoco está uno para ponerse a hacer nada al respecto, a veces sólo pasa lo que tiene que pasar: el tiempo.

Lo que pasa es el tiempo que son minutos que son horas que son días que son meses y así en adelante y todos juntos son bien montoneros. Qué miedo. Yo no quiero tener miles de años aunque nunca llegue a ser un iluminado. Yo no quiero tener miles de años.



Hasta aquí, gracias, me quedo con esto. O no. No quiero realmente quedarme con esto pero tampoco quiero seguir avanzando para descubrir que adonde me estaba dirigiendo era a lo alto de un edificio que está por caerse. Y que seguramente se caerá cuando llegue. Sí quiero irme de aquí, pero no quiero ir allá adonde voy a terminar cayéndome.


Para qué tanto. Aquí me quedo mientras se pueda y acepto las cosas como son. Con su baba, su ojo hinchado, lagaña y greñuda un poco. Creo que Margarito se refiere a la vida. Cómo se espera que alguien quiera seguir cuando en el lugar donde está lo que tiene es a un midget hablándole de la vida.



Aunque tampoco estaría mal ir a ver qué más hay. Definir qué es eso que se ve a lo lejos por el hueco que dejó todo lo que se ha ido rompiendo. Habría que ir a ver qué más hay, habría que hacerlo, como se hace casi todo, nomás por hacerlo. Tal vez haya más de lo mismo. Tal vez algo peor o tal vez algo mejor, porque por qué no.


Por decir una posibilidad de algo mejor: un perro. No estoy segura de qué sea metáfora el perro, no sé por qué estoy hablando de un perro, pero qué sí se, el caso es que ya se vio involucrado uno y ahora hay que amarlo y amar a sus pulgas. Hay que amar hasta a las pulgas, carajo, tal vez nunca debimos involucrar un perro.



Todo mal. Soy el payaso y te cargo si quiero. O no, no es verdad, no es tan verdad, todo no, al menos no todo mal. Pero voy a seguir defendiendo mi legítimo derecho a quejarme cuanto puedo. Lo hago por la comedia, y cuando es necesario me retracto de ello. Las pulgas no están tan mal, sí habría que amarlas si se ama al perro, pobrecitas, tienen sus propios problemas.



Una pulga es una pulga es una pulga pero no hay que minimizarlas por eso. Son como todos. También se confunden, escuchan aquel estruendo y creen que son ellas las que ladrán, quizá incluso creen que son el perro.



Todos nos confundimos, todos no sabemos ni qué. Las pulgas creen que son el perro, el perro cree que es la casa en la que se refugia, la casa cree que es un hombre y quiere ir a lugares pero no puede. La casa no es hombre pero es como algunas personas que no van a ningún lado, como si fueran parte del suelo.



La casa se queda ahí “viendo algo”. Tal vez uno es la casa. Tal vez ir a lugares está sobrevalorado. Tal vez no está tan mal seguir en Guadalajara y ver algo. Ver lo que sea. Ver hacia todos lados como si se estuviera siempre a punto de cruzar una calle, nunca se sabe cuándo o de dónde puede venir la calamidad o caerte un piano en la cabeza. No me ha pasado ni he sabido de nadie en tal situación, pero espero que la televisión no me haya estado mintiendo. El caso pues es que ya si uno tiene que quedarse, habría que quedarse, al menos, a ver algo. No es cierto que aquí no pasa nada.



Si uno se fija bien puede ver, por ejemplo, algo cercano y pensar por un momento que es una luz que nunca se apaga, aunque luego resulte ser sólo un incendio. Además un incendio en un lugar equivocado, eso pasa.

Pero otras cosas pueden verse. Cosas sorprendentes. Por ejemplo. No se me ocurre ahora ninguna, eso también pasa. A veces uno se queda en el mismo lugar como se queda sin nada. Sin tener, sin ver, sin saber ni qué.

Pero hang in there, baby.




Al menos mientras estemos aquí siempre tendremos Guadalajara y sus calles y los que se quedan y la posibilidad, en caso de encontrarlas, y a veces las encontraremos, de ver cosas sorprendentes, y mientras eso pasa, o mientras nos vamos, siempre tendremos perros, aunque nunca supe qué simbolizaba el perro, pero los tendremos y amaremos a sus pulgas y lo haremos con gusto aunque lo hagamos entre lamentos.

Por la comedia, porque no tiene sentido, porque al menos sigo, seguimos, al menos seguimos vivos.

Porque para algunos ya ni quejarse de que siguen aquí y no tienen nada es bueno.

lunes, agosto 17, 2009

Bye bye, birdie

He visto a un tío disparar dentro de un supermercado con una recortada. No era una gran película, pero los disparos hacían buenos agujeros y las caídas eran buenas también. Había una chica. Una pelirroja que trabajaba de camarera. Casi todo el tiempo estaba el tío de la recortada disparando sobre todo lo que se movía y sobre lo que no se movía: botes de tomate frito y cajas de spaguettis. Pero a ratos aparecía la chica, y bueno, ella sabía que aquello no estaba bien, pero aún y así le quería. Él era un tipo duro, con la cara picada, y ella era una de esas camareras de película. Cuando no estaba disparando, el tío iba a recogerla al bar. La subía en su coche y la llevaba a la playa. Ella sabía que no era un santo, pero también sabía que él nunca iba a apuntarla con la recortada. Así que lo pasaba bien. Se tumbaban en la arena. Entraban y salían del agua. Se daban besos y follaban. Ella era todo lo feliz que puede ser una preciosa camarera. Cuando al tío le pillaron, ella estuvo siempre a su lado. Había disparado a niños y a mujeres. El jurado no podía ni mirarle a la cara. Dijeron que era un animal salvaje, pero ella siguió queriéndole. Sabía que lo de la recortada no iba con ella. Siguió queriéndole después de que le frieran en la silla. No era una gran película, ¿sabes?, pero era un gran amor.
De 10 canciones de amor y 7 caminos distintos de vuelta a casa,
Ray Loriga


Esto tampoco fue un gran blog, pero, ya sabes por dónde va: fui todo lo feliz que se podía ser.

Siempre le he tenido miedo a, y no sé qué palabra escoger "claudicar", "renunciar", las dos me gustan y a las dos les temo, siempre le he tenido miedo a claudicar, a renunciar, a dejar lo que es por todo derecho mío, pero tarde o temprano tenía que admitir que esto ya no es el 2005 (y we're not in Kansas anymore). Y quizá, en toda honestidad, esto ya no es tan mío. El blog es una parte de mí que terminó por desprenderse y ahora se tiene que doblar limpia y elegantemente para guardarse con todas las otras cosas que eventualmente me recordarán que aunque ya no es 2005 (o 6 o 7 o hasta 8), alguna vez lo fue, y entonces fui todo lo feliz que se podría ser.

No quiero decir, pero tampoco quiero negar, que escribí cosas aquí de las que estoy orgullosa. Ese es el sentimiento general que me saca del blog. Todo lo que puedo escribir tiene el mismo peso para querer decirlo como para ser considerado ocioso, repetido, cansado e inútil. No es que no tenga caso quedarme, es que no hay manera. Y nunca he sido de forzar. Será que padezco un exceso de self-consciousness o será que se me acabó el autocompadecimiento, pero no es una pena. Otras cosas vendrán.

Y aunque no soy buena en el asunto del desprendimiento, tengo mis consuelos. Digo, total, si se murió Michael Jackson, que no se muera este blog.

Adiós, viejo nabo, adiós.

lunes, junio 29, 2009

Ya tengo 27 años

Y eso está muy bien.











But I still have to face the hours, don't I?

I mean, the hours after the party

and the hours after that...

domingo, mayo 03, 2009

Adiós, súbete

Lo único que me consuela cuando sin buscar encuentro cosas que la gente ha hecho y me las ha mantenido ocultas o contado diferentes o misteriosas es pensar en esa vez que el novio de Bere, mientras ella iba al baño, no hizo que el único camión que pasaría por ahí en todo el día la esperara y la dejó abandonada en un casi-bosque, en la incomunicación. Al regresar, Bere todavía alcanzó a ver al camión yéndose y su novio asomando en una ventana haciéndole señas, remarcando con los labios un "adios, súbete, adiós". Cuando ella logró llegar a casa y hablaron, ante los reclamos de por qué había permitido que se quedara ahí, en la nada, él le dijo con tranquilidad total, así nomás, "Yo te decía que te subieras, y no. Pensé que tenías tus razones".

No-pues-sí. Era un pendejo, pero al menos tenía algo de cierta su justificación.

Ante el abandono de cualquier tipo yo no entiendo nada, y sí me entristezco, pero mejor no.

Tú, ustedes también tendrán sus razones.

Yo elijo quererlos igual.

Tapo: así que esto es mi vida (¿ves cómo sí lo sé ya todo?), uso el free will y el beneficio de la duda por lo mejor.

Fausta

Este fue el primer post que leí en mi vida . Ayer le decía a Queque que al verlo pensé: "tendré un blog, como él, a ver si me pasan cosas así, como a él". En realidad había que tener un blog para ver si podía en adelante ver la vida así, remarcable en nimiedades y breve de contar. Quizá antes pude, quizá no, pero, en todo caso, ahora menos.

Un poquito más (menos) que tú siempre y hasta el infinito.

No es que me gusten estos textos como estertores, pero algo se tiene que hacer entre que se muere y que no.

Lo que pasaba en 2004 que ya no pasa ahora es que entonces todavía no creía saberlo todo. Lo que pasa en 2009 es que ya lo creo. No datos duros (como los ocho mil ochocientos -mil ocho mil- kilómetros de litorales en el país) sino La Vida. Perdón, qué mal, pero lo he visto todo (lo he sentido, lo he entendido y ódiame, por favor, yo te lo pido).

Creo en creer, pero la peor creencia es esta terrible de que no queda nada por aprender que no sea accesorio o artificial, que sólo queda seguir endureciéndose ante lo que pasa, todo lo que pasa. Falta mucho, pero no queda nada. Sin esperanza y sin novedad.

No creo que sea soberbia, pero ojalá lo sea. En estas cosas siempre es un placer no tener razón.

Finalmente:

Hola mayo (hola calor espantoso, hola cucarachas), a ti es a quien menos voy a extrañar.