En más de:
Cosas en las que apesto
* Jugar Resident Evil
* Postear todos los días
Ya, me doy.
Todo mil, yo cero.
jueves, mayo 15, 2008
lunes, mayo 12, 2008
Antes era chévere (not)
Tenía 16 años y, como toda víctima de la angustia adolescente, escuchaba mucho a Alanis Morissette. Con Unsent siempre me preguntaba si ella, de pocos años más que yo y tan fea (también), habría de verdad tenido tantas relaciones significativas o sólo era una ficción para tener de qué cantar. Entonces me parecía grandiosa su carta no enviada a Jonathan, la idea de una relación así para lamentar. Tenía 16 años y el cazar razones para el lamento me parecía muy chic.
I used to be attracted to boys who would lie to me
and think solely about themselves
and you were plenty self-destructive for my taste at the time
I used to say 'the more tragic the better'
Ahora que me reencuentro con Unsent, puedo decir probadamente que aquel deseo al cumplirse no es ni grandioso ni chic, que tiene de bueno solamente el hecho de hacer las únicas despedidas que sí son una fiesta, y que, incluso, la idea de que alguien wouldn't let me get away with kicking my own ass que entonces me parecía tan ñoña ahora es bien deseable.
Ha de ser la edad.
(Claramente mi adolescente iracundo se asquearía de mi adulto contemporáneo si tuvieran que encontrarse. Me alivia que se mantengan uniformemente distantes, que no se pruebe la alta traición.)
jueves, mayo 08, 2008
martes, mayo 06, 2008
Sólo que sea por eso (??? mode on)
Voy al oxxo a comprar cigarros. En el mostrador un borrachito y uno de los gemelos dependientes debaten con tono de mucha seriedad sobre la Biblia.
Borrachito: pero lo que yo le digo es, si la Biblia es una traducción, ¿cómo sabemos que nos están diciendo la verdad los que tradujeron ese idioma antiguo que nosotros ni conocemos?
Dependiente: ah, claro, es que para eso está el Nuevo TestamentoY el borrachito se queda muy lacio, como digiriendo una no tan clara pero pesada verdad que está muy dispuesto a aceptar, con la frente apuntando hacia los tequilas baratos de medio litro y la mirada perdida atravesando al dependiente.
Yo me regreso al trabajo con mis cigarros, lacia como el borrachito, pero sin ninguna comprensión.
Ha de ser que todo es más fácil cuando el absurdo se asimilia con naturalidad. Eso ya lo perdí. Y ahí voy, sintiéndome como las luces de la calle que aparecieron en una foto de Isis cual señal divina de algo (pero ¿de qué? ¿de qué?).

No entiendo.
Ya no.
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